miércoles, 13 de octubre de 2010

Si la abeja desapareciera del planeta.

Primera parte

Las abejas son fácilmente adaptables ya que pueden alimentarse casi de cualquier planta. En su tarea diaria de recolección del néctar (con el que fabricar la miel) se impregnan de polen que depositan de flor en flor, fertilizando un radio de varios kilómetros alrededor de su, cada día más pesada, colmena. En su punto álgido de recolección, al final de la primavera, la colmena puede llegar a aumentar de 4.5 a 9 kg al día. Peso que luego decrecerá a medida que avanza el verano. En ocasiones incluso se pueden llegar a alimentar únicamente de lo que recolectaron durante esas tres o cuatro semanas.

En California, por ejemplo, las abejas polinizan vastas extensiones de almendros que no solamente solo pueden ser polinizados por ellas, si no que dado el sistema industrial de cultivos a gran escala se requieren una enorme cantidad de polinizadores en un escaso periodo de tiempo, a veces tan solo unos días, ya que por razones de eficiencia, se suelen recolectar todos al mismo tiempo. Pero este tipo de uniformidad no gusta nada a los polinizadores nativos, quienes necesitan amplia diversidad de plantas y cultivos además de comida distribuida a lo largo de toda la estación.


Incluso las abejas de granja necesitan, para su sustento, flores salvajes y árboles en flor si quieren fabricar suficiente sustento para todo el año. Se ha observado que si las granjas están rodeadas de la vegetación natural, los polinizadores naturales pueden con todo el peso de la fuerte demanda. Si esto no es así, y además se utilizan pesticidas, ocurre lo contrario, con lo cual la única manera que tienen los agricultores de asegurar la polinización es importar colonias de abejas y asentarlas en esa zona. Como hacen en Estados Unidos con abejas importadas de Europa. El llamado síndrome de colapso de las colmenas en 2006-2007 acabó con el 80% de las colonias de abejas en US. Las posibles causas que se barajaron entonces fueron: el uso de pesticidas, la aparición de nuevas enfermedades o la presión por cambios ambientales. La falta de variedad en su dieta de motocultivo afecta a su sistema inmunitario (¡lo mismo que a nosotros los humanos!) y hace que se aventuren a buscar comida más lejos, con lo cual se estresan, desorientan y finalmente se pierden abandonando la colmena con reina fértil y larvas a su suerte.

Muchos polinizadores y plantas están interconectados ya que necesitan el uno del otro, de manera que sus ciclos coinciden. No se sabe bien que causa esta sincronización pero algunos pares polinizador-planta responden a los mismos estímulos medioambientales. Otros sin embargo no: algunos polinizadores responden a la temperatura mientras otros a la época del deshielo en primavera.

La temperatura afecta a la colmena. Las noches frías de primavera pueden limitar su crecimiento, ya que las abejas obreras han de mantener a la reina y las larvas a 93 grados centígrados. Y lo hacen comiendo mucha miel y moviendo sus músculos, principalmente. A estas altas temperaturas los huevos se van depositando en montones concéntricos, y tres semanas más tarde se convierten en abejas adultas. Si la temperatura bajase, las abejas obreras no podrían mantener el calor de los huevos y las larvas morirán. Tendrán que volver a empezar de nuevo el ciclo.

Los árboles sin embargo no notan tanto esta diferencia en temperaturas porque sus raíces en profundidad están bien aisladas y además el suelo se enfría más lentamente que el aire. De esta manera árboles y plantas pueden florecer antes de que las abejas hayan tenido tiempo de crecer, con lo cual para cuando esté lista la colmena, no tendrán mucho tiempo para acumular suficiente miel para el próximo invierno.

Hace ya varios años que el biólogo-oceanógrafo de la NASA, y apicultor por accidente, Wayne Esaias se percató de un hecho singular relativo al comportamiento de las abejas. Wayne observó que bosques de Maryland, donde vive, llevaban experimentando cambios desde 1990: las plantas florecían antes y los insectos polinizadores, como sus abejas, cada año llegaban más temprano. Pesando la colmena y haciendo uso de la estadística descubrió que los ciclos estacionales de aumento y descenso del peso de la colmena constituía un indicador de impacto climático del florecimiento de las plantas de la región (*).

Albert Einstein en cierta ocasión afirmó que: “Si la abeja desapareciera del planeta, al hombre solo le quedarían 4 años de vida” ¿qué hay de cierto en todo esto?

Continuará…

Silvia Caloca

Bibliografía

(*) http://earthobservatory.nasa.gov/Features/Bees/bees.php

1 comentario:

  1. Desde luego que en los pueblos, quitando el invierno pasado se nota que los arboles/flores florecen antes, luego viene alguna noche fria y los daña

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